¿Alguna vez has esperado tres o cuatro segundos desesperantes a que un microservicio en AWS Lambda responda tras un cold start? Nos hemos acostumbrado a asumir que empaquetar una aplicación junto a un sistema operativo completo dentro de una imagen de Docker de 500 MB es el precio «normal» a pagar por la portabilidad. Pero en la computación en la nube, donde cada milisegundo de ejecución y cada megabyte de RAM se traducen directamente en facturas con muchos ceros, cargar con una ballena a cuestas empieza a no ser la opción más inteligente.

El reto no es nuevo: necesitamos aislar procesos para que ejecuten código de forma segura en entornos multi-inquilino (multi-tenant), pero los mecanismos tradicionales de virtualización y contenedorización imponen una penalización de recursos devastadora.

(más…)