Cuando tecleamos una dirección y navegamos por la inmensidad de Internet, solemos creer que nuestra privacidad depende solo de las cookies o de si usamos el modo incógnito. ¡Qué ingenuos somos! Nos concentramos en la cerradura principal, sin darnos cuenta de que estamos dejando un rastro de migas de pan digitales tan único como nuestras propias huellas dactilares.
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