Existe una broma recurrente en el universo de la programación: que PHP es ese lenguaje que todos odian, pero que, misteriosamente, sigue moviendo más del 75% de la web. Durante años, fue el blanco de memes y chistes, acusado de ser lento, inconsistente y un campo de minas para la seguridad. El debate era tan intenso que cuando un framework moderno (como Laravel o Symfony) lograba grandes hazañas, el mérito se le atribuía a la librería, y no al motor subyacente de PHP.
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