Vivimos en la era dorada de la Inteligencia Artificial Generativa. Cada día entrenamos modelos de lenguaje más mastodónticos y desplegamos infraestructuras complejas de inferencia paralela. Sin embargo, el motor de software que mueve todo este ecosistema se apoja sobre un titán con pies de barro: Python. Sí, amamos su sintaxis limpia y su ecosistema, pero seamos honestos: cuando se trata de rendimiento bruto, Python es lento. Históricamente, para solucionar esto, hemos tenido que recurrir a librerías escritas en C o C++ (como el núcleo de NumPy o TensorFlow). Esto crea el famoso «problema de los dos lenguajes»: escribes el prototipo de forma amigable en Python, pero si necesitas exprimir el hardware, tienes que reescribir las partes críticas en un lenguaje de bajo nivel.
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