¿Te acuerdas de cuando el mayor avance del software era una interfaz bonita con cien botones de colores? Comrabas una licencia, pasabas tres meses configurando el dashboard y luego tenías que contratar a tres personas solo para rellenar los formularios y darle al botón de procesar. Pagabas por la herramienta para hacer el trabajo tú. Pues bien, saca el pañuelo y despídete, porque esa era informática está firmemente plantada en el cementerio de la tecnología.
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