El problema no es el código, sino el *bug* indetectable. Y, a veces, ese *bug* es un tumor.
En la lucha contra el cáncer, la palabra «personalización» suena genial, pero a menudo se queda en la superficie. Hoy, el proceso sigue siendo, en gran medida, un costoso y agotador ensayo-error terapéutico. Un oncólogo, con toda su experiencia y rigor, se enfrenta al desafío de asignar un tratamiento con base en estadísticas poblacionales o biomarcadores limitados.
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