A todos nos ha pasado: estás en medio de una sesión de programación inspirada, le lanzas una consulta a tu copiloto de IA y… lag. O peor aún, el mensaje de «Servidores saturados». Esa dependencia de la nube no solo nos quita velocidad, sino que nos obliga a regalar nuestros datos y secretos comerciales a servidores remotos que no controlamos. Pero amigos, el viento está cambiando de dirección.
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