¿Te acuerdas de cuando el mayor avance del software era una interfaz bonita con cien botones de colores? Comrabas una licencia, pasabas tres meses configurando el dashboard y luego tenías que contratar a tres personas solo para rellenar los formularios y darle al botón de procesar. Pagabas por la herramienta para hacer el trabajo tú. Pues bien, saca el pañuelo y despídete, porque esa era informática está firmemente plantada en el cementerio de la tecnología.
(más…)Quienes nos dedicamos a esto sabemos que la programación siempre ha tenido un componente casi místico. Esa sensación de teclear a oscuras, con café en vena, peleando contra un punto y coma ausente o un puntero rebelde que se niega a cooperar. Es un arte de trinchera sintáctica. Sin embargo, si has estado atento a los repositorios de GitHub o a las discusiones en redes estas últimas semanas, habrás notado que un término extrañamente relajado está inundando los foros técnicos: el Vibe Coding. Al principio suena a broma de diseñador de interfaces o a palabreja inventada por algún gurú de LinkedIn tras su tercer selfi motivacional, pero la realidad es mucho más profunda. Estamos presenciando el cambio de paradigma más radical en la ingeniería de software desde la invención de los lenguajes de alto nivel. La forma en la que construimos aplicaciones informáticas está mutando, y el programador tradicional está dejando paso a una figura mucho más cercana a la de un director de orquesta digital.
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