¿Alguna vez has sentido que montar una casa inteligente era como intentar que un fan de Vim y uno de Emacs se pusieran de acuerdo en algo? Hasta hace muy poco, comprar una bombilla inteligente requería un máster en compatibilidad: «¿Funcionará con mi asistente?», «¿Necesito otro hub más para mi colección?». La fragmentación era el gran muro que impedía que la domótica pasara de ser un juguete para entusiastas a una herramienta invisible y eficiente.
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